Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré. Hebreos 13:5
Si el Padre no hubiera dado la espalda a Su Hijo, te la tuviera que dar a ti hoy cuando le gritas en tu hora de necesidad. Pero porque Jesús tomó tu lugar, hoy, tú tomas su lugar y tienes a la cara sonriente de Dios siempre para ti. Como Juez, Dios le dio Su espalda a Su Hijo. Pero como Padre, El lloró. Su corazón estaba roto porque Cristo no fue nunca más complaciente con El cuando estaba en la cruz. El sufrimiento de Cristo era una ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Si eres un padre, tú amas a cada uno de tus hijos por igual. Pero cuando uno de ellos hace algo especial a ti por amor, eso toca tu corazón y quieres salir corriendo hacia él y darle un abrazo. Eso fue lo que pasó en la cruz, excepto que el Padre no pudo abrazar a Su Hijo. Al contrario, El tuvo que darle la espalda a su Hijo porque nuestros pecados tenían que ser castigados en el cuerpo de Su Hijo. Sabes que cuando lloras por ayuda a tu Padre, él te oye y siempre te va a ayudar. ¡Por Cristo, El nunca te dará la espalda!
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